Brasil - Interludio

Esperando en Ubatuba

Publicado por Marcos el April 11, 2019 · 8 minutos de lectura

Este post es parte de una serie de crónicas de viaje, realizado como integrante de AlterMundi y con el apoyo de ISOC.

El viaje a Brasil tiene dos objetivos claros: participar del encuentro de redes comunitarias y luego, ir a Moinho para trabajar junto con Luandro, en el First Boot Wizard de LibreMesh y el sistema de portal cautivo, Pirania.

El asunto es que Luandro, que también participó del encuentro de redes, no retorna a su casa hasta el 7 de abril, por ese motivo tuvimos que buscar algún lugar para esperar, trabajar y descansar. Seguramente, no sería Sao Paulo, que es una metrópolis muy activa, difícil para estar con una niña de 3 años y además, costosa. La opción elegida fue Ubatuba, un lugar en la costa de Brasil no tan distante y con playas calmas. Éste es el resumen de esa aventura.

Dos centímetros en Google Map, 5 horas de colectivo

La escala importa, es verdad, pero más importa la experiencia. Cuando elegimos Ubatuba lo hicimos porque parecía relativamente cerca de Sao Paulo, error, cercano no es lo mismo que accesible. El relieve montañoso y selvático de esa zona poco tiene que ver con la llanura a la que estamos acostumbrados en Argentina. El colectivo demoró 5 horas en llegar, debido a un derrumbe de barro en una parte del tramo. El paisaje, a medida que nos acercamos al mar, se tornó cada vez mas frondoso y verde, es un recorrido realmente agradable y sobre todo sinuoso.

Finalmente llegamos al punto de encuentro, en donde nos esperaba nuestro anfitrión de AirBnB, ya era de noche y solo queríamos descansar.

Ubatuba Camino a Playa de Ensenada

Vive la experiencia AirBnB

Uno de los motivos por los cuales no utilizo los nuevos servicios de la autoproclamada “economía p2p” (AirBnB, Uber, Rapi, etc) es por mi inexistencia en el mundo crediticio, no tengo ninguna tarjeta de crédito. Pero, principalmente, es una cuestión ideológica que seguramente explicaré en otro post. Es una política personal, fácil de sostener cuando vives en el medio del monte en Córdoba, pero me sorprendió lo instalado y casi indispensable que se torna en un contexto de viaje. Buscar un lugar para alojarse, en una zona remota y donde no conoces a nadie, se convierte en una lotería y los comentarios de los huéspedes anteriores resulta una brújula en el medio de la bruma.

Buscamos, encontramos y reservamos, pero al momento de pagar, yo no soy un ciudadano. El problema de estos servicios, es que sólo eres parte de su mundo ideal si dispones de una tarjeta de crédito, entonces recurrí a un amigo para que él me haga el trámite. La contraparte de esto es que tuve que adoptar su identidad por 8 días. Para no exponer a quien me hizo el favor, vamos a suponer que yo tuve que ser “Jorge” mientras nos quedamos en el hospedaje.

Complicidad de clase y apariencias

El lugar era administrado por una sola persona, un varón de setenta años que vive ahí mismo junto con su hijo adolescente, de 17. Su apariencia es una mezcla de Paulo Freire con hippie de los 60. Pelo largo y barba completamente blanca, un poco desalineado (no tanto como nosotros). Inmediatamente, traté de descifrar su forma de pensamiento, para contarle de mi experiencia con AirBnB y abandonar el absurdo de ser Jorge. Imaginé que por su apariencia podía llegar a comprender, pero no. Él supuso mal también. Creyó que yo, por ser blanco, profesional y estar viajando, compartiría una especie de complicidad de clase, y por eso desplegó todo su ideario Bolsonarista, pro intervención militar en Brasil y Venezuela. Por suerte, sus comentarios ocurrieron primero.

Con los años aprendí, que es imposible mantener un diálogo con quien no quiere escuchar o poner en duda sus ideas, así que me limité a escuchar y tratar de comprender el origen del odio que destilaba con sus palabras.

Casi Hacker

Los días transcurrieron trabajando por la mañana, playa por la tarde y algún paseo o descanso por la noche. El trabajo comenzaba temprano, con la salida del sol y los mosquitos. Fuera del monoambiente, había una mesa plástica con dos sillas en donde me instalaba con la computadora y la pila de routers Tp-Link 3600 que utilizo para desarrollar (Gracias Nico Pace). Fue bastante productivo, pude tachar los siguientes items de mi lista de ToDo:

  • Performance en First Boot Wizard
  • Mejoras en la intefaz de LimeApp
  • Issues relacionados al tipo de enlace WiFi (adhoc y mesh)
  • Escribir dos post en este blog
  • Tareas de AlterMundi
  • Organizar el tramo de Moinho

Ubatuba Al llegar fuera de temporada las playas estaban casi desiertas

La última noche, el dueño del hospedaje me llama y me pide que me siente con él un rato, yo presentía que había descubierto mi falsa identidad. El diálogo fue más o menos el siguiente (me permito alguna libertad literaria):

  • (Él) Jorge, sientate un segundo quiero hablar de algo
  • (Yo) Si como no, me pongo los pantalones y nos sentamos
  • (Él) ¿Estuviste usando nuestro internet?
  • (Yo) Si, por eso te pedí la contraseña, lo utilizo para trabajar y para comunicarme. Estaba incluido en el servicio
  • (Él) Si, pero mi hijo dice que tú eres un Hacker, que cambiaste nuestra IP por una de Rusia. ¿Es eso posible? ¿Es verdad?
  • (Yo) Si, es posible, puedes utilizar un túnel a un servidor en rusia y (…detalles técnicos…), pero no tiene sentido y tampoco lo he hecho. Y si, me considero un Hacker

Se queda con la cara blanca como la barba y le explico que significa ser un Hacker, la apropiación y reinterpretación de la tecnología, etc.

  • (Yo) Y, ¿cómo es que su hijo supone lo de la IP rusa?
  • (Él) Es que mi hijo juega mucho al Counter Strike, tiene muchas condecoraciones y medallas de honor. Siempre lucha contra argentinos y uruguayos, pero desde que estas tú, solo encontró Rusos, grabó los audios y todo. Además YouTube muestra videos en ruso también.
  • (Él) ¿No eres Colombiano? ¿En donde dices que naciste? ¿Te gusta el tango, verdad?

El cuestionario continuó un poco más, pero me aferré a mi identidad prestada y trabamos la puerta antes de dormir. Por suerte, al día siguiente ya estábamos en viaje para encontrarnos con Luandro e Isa en Moinho.

Conclusión

Una mesa llena de cables y routers, una pantalla negra con de letras en colores, mi hija viendo animaciones rusas en YouTube y una conexión a Internet compartida: los ingredientes necesarios para convertirme en un agente de inteligencia ruso-colombiano enviado a Brasil para apoyar al gobierno de Venezuela.

Nota mental: Comenzar a utilizar túneles en las conexiones a Internet compartidas con extraños puede ser una buena idea.